Dpto. Religión

4º ESO

Curso 2006/07

AÑOS 95 - 96  /  PERSECUCIÓN DE DOMICIANO

Andoni Andueza

Diego Mazarrasa

                                                                                                                

Breve biografía del emperador Domiciano; persecuciones judías y cristianas; la acusación de ateismo; bibliogafía.

 

Breve biografía del emperador Domiciano

Domiciano (Tito Flavio Domiciano). Nació en el año 51 d.C. Emperador romano (81-97). Hijo pequeño de Vespasiano y de Domitila, hermano y sucesor de Tito. Había recibido el título de César, heredero del imperio, en diciembre de 69, a la vez que su hermano. A la muerte de su hermano, el 13 de septiembre de 81 (según algunos asesinado a instancias de Domiciano), se conviertió en emperador.

 Ejerció una hábil administración: reorganizó el Consejo imperial y las oficinas, y controló a los gobernadores de las provincias. Reconstruyó Roma tras los incendios de 64 y 80.

 Se lanzó a una política de conquistas y realizó numerosas campañas en Britania y en Germania superior. En las fronteras luchó sin descanso contra los bárbaros: en el Rin, obtuvo la victoria frente a los catos y mejoró la defensa del Imperio. Para él, los grandes enemigos del Imperio eran los dacios. Levantó una línea fortificada en la frontera del Danubio.

 El régimen burgués de Domiciano se volvió hacia el absolutismo. No quiso reinar con el Senado, con apoyos en los equites y en el ejército se nombró a sí mismo censor perpetuo.

En 95, Domiciano ejecutó a Flavio Clemente, primo suyo. La historia acusa a Domiciano de llevar un régimen de terror (persiguió a los cristianos y a los judíos). Murió asesinado el 18 de septiembre de 96 a los 45 años, a instancias de su mujer Domicia y del prefecto del pretorio. Según Suetonio, al conocer su asesinato el Senado romano se apresuró a hacer desaparecer todos los recuerdos de Domiciano.

 

Domiciano

 

Persecuciones judías y cristianas

Domiciano decidió que todos los judíos debían enviar a las arcas imperiales la ofrenda anual que antes mandaban a Jerusalén (al Templo, que ya no existía). Cuando algunos judíos se negaron a hacerlo o mandaron el dinero al mismo tiempo que dejaban ver bien claro que Roma no había ocupado el lugar de Jerusalén, Domiciano empezó a perseguirles y a exigir el pago de la ofrenda. Puesto que todavía no estaba del todo claro en qué consistía la relación del judaísmo con el cristianismo, los funcionarios imperiales empezaron a presionar a todos los que practicaban «costumbres judías». Así se desató una nueva persecución que parece haber ido dirigida, no sólo contra los cristianos, sino también contra los judíos.

 No se conoce el motivo por el que Domiciano persiguió a los cristianos, podría ser que él amaba y respetaba las viejas costumbres y tradiciones romanas. Gran parte de su política consistió en reponer esas tradiciones y costumbres, y parte de ese trabajo podrían haber sido las persecuciones.

 

 Acusación de ateismo

Muy escasas son las noticias de la persecución que afectó a los cristianos en esta época. De particular importancia es la noticia referida por el historiador griego Dión Casio, que en Roma fue pretor y cónsul. En el libro 67 de su Historia Romana afirma que bajo Domiciano fueron acusados y condenados «por ateísmo» (ateótes) el consul Flavio Clemente y su mujer Domitila, y con ellos muchos otros que «habían adoptado los usos judaicos».

Ofrenda de incienso a la divinidad

La acusación de ateísmo, en este siglo, era dirigida contra quien no considera como divinidad suprema la majestad imperial. Domiciano, durísimo restaurador de la autoridad central, pretendía el culto máximo a su persona, centro y garantía de la «civilización humana». Esta acusación de «ateismo» significa que en Roma no se admitía ninguna idea de Dios que no coincidiera con la majestad imperial. Quien tuviera una idea diversa era eliminado como gravemente peligroso para la «civilización humana».

Sólo se conoce por el nombre a esos dos mártires romanos, pero muchos escritores mantienen la postura de que hubo muchos mártires más. Se escribió una carta de la iglesia de Roma a la iglesia de Corinto después de las persecuciones. Habla de «Los males y las pruebas inesperadas y seguidas que han venido sobre nosotros». Se conocen más pruebas de la persecución de Asia Menor gracias al libro del Apocalipsis, el cual fue escrito durante las persecuciones. A san Juan, que era su autor, le desterraron a la isla de Patmos.

 

 Como en el caso de Nerón, no parece que la persecución haya sido igualmente severa en todo el Imperio. De hecho, es sólo de Roma y de Asia Menor que tenemos noticias fidedignas acerca de la persecución.

 

Bibliografía

- Orlandis, José; Historia de la Iglesia. La Iglesia Antigua y Medieval.

- Las persecuciones cristianas en primeroscristianos.com

- Voz Domiciano en wikipedia.org.